no hallen la causa de su mal, señoras y señores,
sigan la senda de los niños y el perfume a churros
que en una nube de algodon dulce le espera "el Furo".
Goce la posibilidad de alborotar el barrio.
Por tres pesetas puede ser bombero voluntario,
o galopar al sube y baja el mundo en un potrillo.
Dos colorados tengo, y uno tordillo.
Animese.
Cuelgue el pellejo en la acera.
Subasé
al tordillo de madera.
Olvidesé
de lo que fué y de qué modo.
Brinquesé
a la magia de pasar de todo.
Montesé
en el carrusel del Furo.
Subasé.
Dos boletos por un duro.
No se sorprenda si, al girar, la luna le hace un guiño,
un par de vueltas le diran cómo alucina un niño.
Le aplaudirán desde un balcón geraños y claveles,
y unos ojos que le llenaron de cascabeles.
Enfundesé en los pantalones largos de su hermano
y en la primera bocanada de humo americano,
que el aire será más azul, y la noche más corta.
Si no se cura, al menos, le reconforta.
(El Carrusel del Furo, J.M. Serrat)

(La Calesita, Nahuel Weber)
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