15.1.07

Otro más

Otro texto escrito allá lejos y hace tiempo.

Sr. Juez,
De mi mayor consideración:
Escribo estas lineas en agradecimiento a su infinita benevolencia, a su sabiduría y a su gran corazón, que hicieron de este ser humano, un hombre libre.
Quizás no me recuerde -cómo hacerlo, si pasa tanta gente por su juzgado- yo soy ese joven que llegó a este lugar hace un semestre, luego de haber asaltado a un comercio, y de no haberme percatado que me estaban filmando. Usted supo reconocer que yo estaba bajo el efecto de la droga, que no estaba en mi sano juicio, y así me dejó ir, bajo la promesa de empezar un tratamiento de recuperación.
Le debo confesar que no pude empezar el tratamiento, era muy caro, quedaba muy lejos, y me daba vergüenza decir que soy drogadicto. Así que me deprimí y entonces recurrí a lo único que me anima en esta vida: seguir drogándome.
Pero los traficantes no son tan buenos como usted, son gente mala que aumentan el precio del imprescindible polvo blanco cada vez que pueden. Saben cuánto lo necesito y se aprovechan. Y como la gente no me quiere dar trabajo no tuve más remedio que seguir robando, es lo que sé hacer, es lo que mejor hago.
El otro día nomas entré en la casa de una familia, una señora mayor y su sobrino, creo. El hombre no estaba, así que aproveché que la situación me era favorable. Pero la señora no quiso colaborar, tuve que maniatarla, y amenazarla continuamente, hasta que se me escapó un tiro. Lo que no sabia es que el sobrino era policía. Cuando llegó nos enfrentamos en un tiroteo, y me hirió de muerte.
Muchas gracias Señor Juez, ahora ya no tengo que seguir robando, ya no necesito las drogas, y no me siento deprimido nunca más. Y el precio fue muy bajo, sólo la vida de una señora mayor.
Ahora si me disculpa, aquí abajo no nos dejan mucho tiempo libre para estas cosas. A propósito, el dueño de casa le manda saludos y dice que lo espera prontamente. Si viene, no olvide pasar a saludarme.
Sin otro particular, le saludo a usted muy atentamente.

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