Cruzas la calle como lo hiciste ayer, esquivando los autos, los micros y la gente, esa gente que ignora lo que estas sintiendo. Ves en cada hombre la cara de ese hijo de puta, ese que odiaba el mundo y se descargó con vos. Si todavía te duelen los moretones, no esos que tenias en el cuerpo (porque sanan rápido), los del alma que duelen de por vida.
Mientras cruzas la plaza las palomas vuelan delante tuyo, pero vos no eras una paloma,
eras un canario, o eso pensaron: así que te metieron en una jaula con barrotes que ni siquiera eran de oro, te dieron alimento y protección, a cambio de tu libertad.
Y cuando por fin fuiste canario, y sabias silbar, y saltar entre esos dos horribles palitos que pusieron en tu prisión; entonces te soltaron a ese mundo donde tu canto no valió nada, y necesitaste volar, pero eso nunca lo aprendiste.
Dios es siempre generoso, por eso te regaló una hija. Pequeña flor que cuidaste, protegiste a tu manera, le diste todo tu alma, tu vida, tu corazón, porque es la única forma de querer. Ella comió del pan que sacaste de tu boca, tuvo el amor que nunca tuviste, ese amor puro y genuino que sólo puede dar una madre. Pero no tenias una campana de cristal para cubrirla, y alguien te vió, y le sirvió como excusa para alejarla de vos.
Ahora San martín te da una mano para que subas a su blanco corcel. Desde allá arriba se ven pintados los pañuelos de quienes alguna vez perdieron un hijo y que hoy siguen luchando para recuperarlo. Pero vos no tenés más fuerzas para luchar.Ya se acercan los curiosos, los medios, los bomberos, la policía, las ambulancias, la gente, los jueces y los fiscales. Y yo paso a lo lejos, y me falta valor para hacer algo, te quiero gritar que no te mates, que quiero ser tu amigo... pero no puedo, no me sale, sólo estas inútiles líneas.
9.3.06
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